Sinceramente usted es tan parecido a ese médico que, en muchas clases, profesores de su especialidad tanto critican. Pseudocientíficos. Se llaman humanistas, se llenan la boca diciendo que son humanistas, preocupados por los intereses de los hombres. La verdad es que solamente salen a marchas por la defensa de algo cuando esa defensa se reduce a una disminución de sueldo o por absurdos problemas políticos internos, son pocos, verdaderamente muy poco los “humanistas” como usted que todavía conservan su lado humano y luchan o marchan por algo más trascendental.
De verdad me recuerdan mucho a los médicos, igual de absurdos que ellos que juran por velar desinteresadamente por la salud humana y que sin embargo terminan dejando morirse a su vecino porque ha acabado su hora de trabajo. Usted no dejará morir a un ser humano del mismo modo, pero el solo hecho de ver a ese otro ser humano como un objeto es causa de su muerte existencial, nosotros, alumnos, buenos o no, nos hemos vuelto una mera cifra más que tener que calificar, verdaderamente no les interesa que nos vaya bien o no, que entendamos su clase, que tengamos que trabajar, que estemos enfermos, solo somos una firma más en el registro, un número más que garantice la popularidad de su curso para que este siga existiendo y le sigan pagando su jugoso sueldo.
Si usted se enferma nos avisa a última hora mientras nosotros estamos como idiotas esperando en un salón de clase, muchos también dejando horas de trabajo. Si es su cumpleaños también falta a clases, muchas veces sin avisar y sus alumnos como idiotas esperando por la clase que debería dar, muchas tal vez también celebrando un cumpleaños en un aula sin profesor. Perdiendo horas de estudio, de trabajo, en familia por cumplir con un compromiso académica. Pero si un alumno falta por un cumpleaños, por trabajar, pero sobre todo por estar enfermo (y no hablo de una simple grite) y justo usted toma un examen ese día o se le antoja tomar un oral ¿Qué pasa?, pasa que no importa si le presentan el certificado médico o del trabajo. Pasa que como uno es una anónima cifra más para su bolsillo no interesa su justificación. ¿Humanistas? Al carajo, sarta de muertos vivientes que viven chupando todos los billetes que pueden sorber, no les interesa que un alumno sea brillante, que tenga potencial, basta que haya un solo bendito día que falte para que ni siquiera puedan darle causa de justificación, no importa lo brillante o participativo que haya sido antes.
Se han acostumbrado a desahogar frustraciones en gente que simplemente acude a que compartan con ellos parte de conocimientos nuevo. Nos alaban, nos llaman interesantes, a algunos los contratan como asistentes pagados y terminan siendo bastante explotados, muchos aceptan porque es un ingreso extra y a cambio tienen que aguantar escenas de pedantería innecesaria. Alguien debió decir alguna vez cuál era la meta de un humanista, tal vez solo haya habido en la historia solo uno, que desde los años 20 haya plasmado en sus escritos el espíritu de ese humanista ideal que también pretendía ser, lástima que actualmente muchos lo alaben, pero poco lo escuchen o lean verdaderamente, es que el pobre, mala suerte para alguien tan grande, también se ha vuelto otro objeto más: un objeto de estudio, el más grande en la actualidad que fue uno de los más pequeños en su primera época.
La pedantería de ciertos individuos de La Decana, me llevó a desistir en mi primer año de seguir en ella, motivos personales (muy aparte) me hicieron seguir en ella, para conocer que existen también personas que no forman parte del común y que tienen ese ánimo de enseñar y de comprender que a la mayoría de sus colegas les falta. Valió la pena quedarse un año más no por gente como el “humanista” al que le escribo, sino por aprender de humanistas que no se habían olvidado de ser humanos y que podían entender la visión de uno que quería ser como ellos.
Pensar en los humanistas y los humanos es como pensar en ricos y pobres, los primeros creen que los pobres son un mundo extraño, que la pobreza es una cifra más, algo más exótico en muchos casos. Los humanos miran o miramos a los humanistas, a los autodenominados (que son los más pretenciosos) como caprichosos riquillos, tal vez aquellos verdaderos humanistas de ese grupo, aquellos que aún conservan su lado más humanos son aquellos a quienes les costó más llegar a donde están y que saben lo que pasa en el trayecto y no que lo tuvieron todo fácil por ser hijos de papis ricos o por tener varios contactos o algún nexo o interés político que les facilitara el ascenso.
He visto a humanistas pelearse por ellos, vi a un humanista arrojar un papelito que otro humanista había escrito y arrojarlo a la basura, lo más inmaduro e infantil, entonces aquel segundo me pareció un niño grande y resentido, un niño bastante pequeño. He visto al mismo humanista luego comer de la mesa de este solo por motivos políticos… No hay ética… tal vez simplemente todo se rija por la conveniencia en el mundo de los humanistas que miro desde la frontera y a la que solo ingreso para reírme un rato, angustiarme mucho y decepcionarme harto.